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NUTRICIÓN INFANTIL




El yogur es un producto lácteo fermentado que se obtiene al inocular en la leche un cultivo de microorganismos, sobre todo Streptococcus thermophilus y Lactobacillus bulgaricus. En el proceso de fermentación la leche se coagula, una parte de la lactosa (el azúcar de le leche) se transforma en ácido láctico y se producen otros compuestos, en su mayoría ácidos.


Este alimento tiene un valor nutricional similar al de la leche: aporta una cantidad de lactosa algo inferior a esta y es una fuente excelente de calcio y fósforo. También es rico en proteínas y lípidos (grasas) que están parcialmente digeridos, por eso resulta tan digestible.

Se estima que los niños deben tomar entre dos y cuatro raciones al día de lácteos (dos yogures equivalen a una ración), en los que se incluyen los platos que se elaboran con leche (natillas, arroz con leche, bechamel, etc.).

Consumir una cantidad superior de lácteos impide que el niño tome otros alimentos importantes para su salud (como la fruta, que aporta fibra y vitaminas) y contribuye a la aparición de algunos trastornos digestivos, como el estreñimiento.

No todos los productos lácteos que hay en el mercado son yogures. Los que han sido fermentados por gérmenes distintos a los del yogur (por ejemplo, por Lactobacillus), no se consideran yogur, sino leches fermentadas.

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